Populismo y Pedagogización de la vida. Entre biopolítica y neoliberalismo

Populismo y Pedagogización de la vida. Entre biopolítica y neoliberalismo

Marco A. Jiménez
Facultad de Estudios Superiores Acatlán, UNAM.
Academia de Filosofía e Historia de las Ideas, UACM

Ana Ma. Valle
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

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Presentación

El propósito de este escrito es reflexionar, bajo los conceptos de biopolítica y neoliberalismo, sobre la relación entre populismo y pedagogización de la vida. Hoy más que en otro momento y en circunstancias por todos conocidas, se hace necesario juzgar la relación entre vida y política. Se puede decir que, en la manera de hacer política, la propia vida está en juego. No está por demás recordar a Foucault (2012, 135) cuando dice que “durante milenios, el hombre siguió siendo lo que era para Aristóteles: un animal viviente y además capaz de una existencia política; el hombre moderno es un animal en cuya política está puesta en entredicho su vida de ser viviente”.

Es importante aclarar que la lectura que aquí se hace de las nociones de populismo, neoliberalismo y biopolítica sirven para analizar lo social, lo cultural y lo pedagógico y, por tanto, se difiere de aquellas concepciones que de antemano las juzgan como conceptos que remiten a condiciones desastrosas, malignas, de explotación, de esclavitud o efectos destructivos o, en sentido contrario, que aluden a ellas como grandes beneficios, progreso, felicidad o libertad. Frente al populismo, neoliberalismo y biopolítica, ni filias ni fobias ni apologías ni invectivas, antes bien dichas nociones se toman como herramientas útiles para el análisis y comprensión de la actual realidad social, cultural y pedagógica. Lo anterior no quiere decir que se niegue la crítica como principio básico de cualquier argumento o que se desconozca la importancia de la fuerza ideológica que las posturas académicas conllevan. En ningún pensamiento hay neutralidad valorativa, incluyendo la propia ciencia. Sin embargo, en el ambiente han aparecido concepciones que en principio se asumen radicalmente negativas o positivas frente a tales términos. Por ejemplo, colocarse del lado de las discusiones sobre derechos humanos, perspectivas de género, la llamada inclusión, la vida democrática, la defensa del medio ambiente, entre otras, casi de inmediato aparecen como políticamente correctas, aunque quienes sustentes dichas ideas, en su vida práctica, actúen de manera totalmente opuesta y contradictoria con lo que afirman. Lo anterior tendría que estar a debate y no sólo dar por sentado que quienes se posicionen ideológica y políticamente de un lado o de otro, son buenos o malos, de izquierda o derecha, cualquier cosa que esto signifique. Sin duda, la ausencia de un debate a fondo ha empobrecido el pensamiento y la vida, y ha incrementado una violencia que provoca indiferencia y tedio, así como una vida cotidiana indolente y agresiva. Lo que a continuación se presenta pretende abrir preguntas, formular hipótesis y pensar de manera abierta con conceptos anatemizados por ciertos sectores críticos comprometidos sinceramente con la vida individual y colectiva.

Se reconoce que la articulación entre las nociones de biopolítica, populismo y neoliberalismo permiten interrogar la vida social e individual de esta época, lo cual permite mirar los procesos de subjetivación como formas de pedagogización de la vida. De algún modo se podría decir que la biopolítica, como control de la vida biológica de las poblaciones, es la forma que el neoliberalismo adopta para ejercer sus relaciones de poder con respecto a la vida; y, simultáneamente, es el modo en que la vida se relaciona con el poder. Por su parte el populismo es una técnica de gobierno que permite al neoliberalismo regular las relaciones entre individuo y sociedad. La pedagogización de la vida es un conjunto de saberes y prácticas que conforman cierto tipo de relaciones de poder entre los sujetos.

Hablar de los conceptos de biopolítica o populismo neoliberales pareciera un pleonasmo, es verdad que el populismo no siempre ha sido neoliberal y que la biopolítica no sólo se circunscribe al neoliberalismo. Por lo que se insiste en que la intersección entre neoliberalismo, biopolítica y populismo es un impulso actual para analizar los procesos de subjetivación. De lo que se trata es de usar estas nociones para mirar cómo los sujetos se constituyen a través de ciertos procesos de pedagogización. En tal sentido lo que aquí interesa es reconocer las prácticas pedagógicas como herramientas productoras de estilos de vida en la intersección entre neoliberalismo, populismo y biopolítica. Se considera que la pedagogización de la vida no es un problema que remite a la conciencia de los sujetos ni tampoco que son las condiciones materiales las que determinan, dictan en última instancia la conducta de los individuos. Todo lo contrario, “las prácticas sociales pueden llegar a engendrar dominios de saber que no sólo hacen que aparezcan nuevos objetos, conceptos y técnicas, sino que hacen nacer además formas totalmente nuevas de sujetos y sujetos de conocimiento” (Foucault, 2011, 12).

En términos generales se puede decir que (Jiménez, 2019, 92)

en primer lugar, la biopolítica aparece vinculada con estrategias médicas y con pautas de medicalización social; se trata de algo más allá que de las ideologías y la conciencia, el asunto gira en torno al control de cuerpos, de hecho, la medicina no es otra cosa que una estrategia biopolítica. Una segunda aproximación es aquella que relaciona la biopolítica con el concepto de soberanía, bajo la tesis de que mientras el poder soberano es aquel que hace morir y deja vivir, en tanto que el poder biopolítico, de manera contraria, hace vivir y deja morir. Un modo más de hablar de biopolítica es la consideración de la guerra de razas; Foucault plantea que el Estado moderno actual es también un Estado interesado en la distribución y el control biológico de su población. Y, por último, una cuarta aproximación al concepto foucaulteano de biopolítica, es aquel que lo asocia a la gubernamentalidad a la economía política del mercado y al neoliberalismo.

En tal sentido, la ética biopolítica es mantener la vida a toda costa, aún a pesar de la propia vida. Se trata del poder de la vida y del poder sobre la vida.

Por su parte el neoliberalismo no es en absoluto el resurgimiento de viejas formas de economía liberal formuladas en el siglo XVIII y XIX, y que el capitalismo vuelve a poner en uso tampoco es la sociedad mercantil, más bien en el neoliberalismo se busca que la economía de mercado sirva de modelo para el Estado, es el ajuste de la gubernamentalidad, de cada una de las acciones de los ejercicios de poder del gobierno, a los principios de la economía del mercado. No es que el mercado devore al Estado, al gobierno o a la política, sino que todas las acciones, la razón de Estado, los ejercicios de poder, el Estado mismo, estarán dados bajo la lógica de la economía de mercado. De acuerdo con Foucault (2016: 157)

[…] para el neoliberalismo, el problema no era para nada saber –como en el liberalismo del tipo de Adam Smith, el liberalismo del siglo XVIII– cómo podía recortarse, disponerse dentro de una sociedad política dada un espacio libre que sería el del mercado. El problema del neoliberalismo, al contrario, pasa por saber cómo se puede ajustar el ejercicio global del poder político a los principios de una economía de mercado . En consecuencia, no se trata de liberar un lugar vacío sino de remitir, referir, proyectar en un arte general de gobernar los principios formales de una economía de mercado.

El neoliberalismo es un término que obliga a la articulación entre política y economía que pone en juego al mercado en todos los ámbitos de la vida humana, desde lo más íntimo y privado hasta lo más público y universal. Con esto se pude decir que la ética biopolítica neoliberal es el ejercicio global del poder político aplicado a los principios de una economía de mercado que busca mantener la vida a toda costa, aún a pesar de la propia vida y de la muerte.

Si se acepta que el neoliberalismo es una forma de biopolítica y que el populismo es una técnica de la política, entonces el populismo neoliberal es una política de la vida. Además, se puede entender al populismo, no sólo como diferentes ideologías, sino como prácticas de gobierno de la población. Prácticas de gobierno que son una forma ético-política de lo popular. Si a esto se le suma que el neoliberalismo es una economía política del mercado, entonces el populismo neoliberal es aquella política que hace jugar a todos los individuos en el tablero puesto por el mercado. Por lo anterior el populismo neoliberal es una forma política de pedagogización de la vida, es decir de producción de sujetos.

Populismo y pedagogización

Populismo, pueblo, popular son palabras que remiten a diferentes significados y sentidos históricos. Generalmente cuando se habla de populismo se refiere a cosas muy distantes y distintas, es como si se usara un mismo significante para hablar varias lenguas totalmente ajenas entre sí. No hay un origen en sentido estricto del término, lo que si hay es un uso político de él, especialmente en esta época de denostación por ciertos intelectuales y políticos, que conscientes o no de las relaciones de poder en las que se incluyen y suscitan se suman a un esfuerzo por reducir el populismo a una especie de peste política e ideológica que habría que denunciar y erradicar. En las redes sociales, en medios periodísticos, políticos e intelectuales la noción remite a formas alienantes de control social, de subordinación, sometimiento, manipulación y engaño, de liderazgo carismático o profético que se deshace de las instituciones para terminar imponiendo un único punto de vista político y social, que atenta en contra de los procesos democráticos, el libre mercado, la vida institucional, la paz y la armonía.

El populismo como todo proyecto político conlleva un propósito educador del pueblo, de la ciudadanía, de la sociedad civil o de la población, es un conjunto de estrategias para desarrollar planes y programas educativos que rebasan en mucho lo escolarizado, la formalidad institucional y que se despliegan ampliamente en la sociedad como formas de pedagogización que son consideradas por sus críticos como recursos ideológicos de adiestramiento e instrucción con fines de manipulación política y explotación económica. Por ejemplo, en Latinoamérica se transitó de una concepción económica desarrollista que consideraba que lo político estaba determinado por las etapas de un supuesto desarrollo económico y que por lo tanto habría que transitar esas etapas o ciclos en los que la voluntad política no tenía interferencia. Desde los años setenta, producto de las dictaduras militares y otras experiencias políticas, se hizo evidente que la relación entre política y economía no era de subordinación y mucho menos de determinación, sino de formas complejas de articulación. Precisamente una forma de pedagogización de aquellos años consideraba la participación política como determinada, en última instancia, por las relaciones de producción económica. Todo desde lo social hasta lo individual era resultado de los modos de producción. Otros más consideran al populismo como un legado histórico propio de las fuerzas revolucionarias, socialistas o progresistas, especialmente en Latinoamérica se ejemplifica con el peronismo, el cardenismo e incluso con la revolución cubana, entre otros acontecimientos sin duda, todos ellos acompañados de procesos de subjetivación y de pedagogización. Se identifica, directa o indirectamente, al populismo con experiencias educativas y pedagógicas alternativas y autónomas, como por ejemplo la llamada educación socialista en México durante la presidencia de Lázaro Cárdenas.

Lo que aquí interesa es mostrar cómo la larga presencia de un vocablo, de una palabra o de un significante no es la simple sucesión, evolución ni continuidad de ciertos hechos, todo lo contrario, es necesario plantear los cortes, las rupturas de la noción de populismo con el propósito de reconocer los elementos que intervienen en esos quiebres. Lo que aquí se busca revelar es la profunda intersección, interacción e intercambio que existe entre las experiencias prácticas del populismo y del neoliberalismo, a fin de destacar los procesos de pedagogización que esta articulación genera.

La noción de populismo se articula con la de neoliberalismo en el sentido que ambas se interesan, promueven e impulsan la presencia del individuo, de lo singular y de lo particular, la primera en lo político y la segunda en lo económico. El populismo se interesa por el sujeto en cuanto pueblo y el neoliberalismo en tanto actor económico en el mercado. Se trata del pueblo actuando en el mercado, es decir, de la lógica y las prácticas políticas entrelazadas con la lógica y las prácticas del mercado. Por lo que es importante considerar que el neoliberalismo como una forma de mercado no es o ha sido algo impuesto por un afuera, por un enemigo poderoso que pretende derrotar formas económicas distintas, sino todo lo contrario el neoliberalismo es una forma de la economía capitalista del mercado actual que ha tenido diferentes presentaciones y momentos históricos, y que efectivamente como resultado de luchas y confrontaciones de poder ha desplazado formas de gobierno y economías distintas, entre otras al propio liberalismo decimonónico y a las llamadas economías socialistas de la mitad del siglo pasado.

El populismo es algo más que una mera lógica política, es un conjunto de prácticas políticas que incluyen cierta lógica, se trata de prácticas políticas que siguen ciertas reglas. Dichas prácticas suelen encontrar equivalentes con las dinámicas mercantiles. El populismo y el neoliberalismo actuales han coincidido de manera semejante a como lo hiciera la ética protestante y el espíritu del capitalismo en un momento histórico, su articulación como en un engranaje, como un embrague posibilita los flujos y mecanismos del mercado, esto a pesar de que algunos consideran que el populismo es lo contrario, el principal enemigo del neoliberalismo.

El populismo es la fragua, el pivote o el laboratorio político donde confluyen la ética-biopolítica y el mercado neoliberal. El populismo es una forma política que rechaza en principio la concepción de que la política obedece a las elites, a los grupos dirigentes y gobernantes, y a los empresarios o intelectuales. Pero al mismo tiempo esta concepción de populismo que aquí se presenta reconoce que el pueblo tampoco es una instancia social específica, un grupo o clase social que habita en un determinado territorio, en ciertas condiciones de existencia espiritual y material; el campesinado, el proletariado, los pobres, los asalariados, los desempleados, las clases bajas o ciertas clases medias. Para esta concepción del populismo, que aquí se plantea, el pueblo implica relaciones de poder, cierto tipo de interacciones sociales e intercambios, donde se incluyen demandas y prácticas sociales ajenas a las formas políticas tradicionales, el pueblo y lo popular es lo disruptivo, lo que disloca la política. Por eso el populismo es como una especie de lenguaje perdido que articula intereses ajenos a los predominantes, sea para bien o para mal.

Entre sujetos muy diferentes, por ejemplo, una demanda popular puede ser el cuidado del medio ambiente, los derechos humanos, los derechos de la mujer; se puede ser terrateniente rico o campesino pobre, víctima o victimario, mujer rica o pobre y sin embargo, el ambiente, lo humano y la mujer aparecen como centralidades que articulan diferentes demandas, la del criminal que al igual que la víctima reclama por sus derechos humanos, el campesino pobre y el terrateniente por la preservación del ambiente o la mujer rica y la pobre por el respeto a su condición de género. La lógica política, las prácticas políticas de unos y otros se articulan y aunque pueden ser contrarias o antagónicas una característica primordial de dichas prácticas, en la actualidad, es su vínculo con el mercado, por supuesto cada quien según sus posibilidades y necesidades, lo que queda abierto son relaciones de poder que se articulan a demandas específicas. Ya sea que la mujer rica constituya una empresa y promueva productos de lujo y que la mujer pobre venda dulces en la calle, ambas están sujetas en esta lógica y prácticas políticas al mercado neoliberal, de ello dependen sus vidas.

Las prácticas políticas populistas magnetizan los valores que los individuos le atribuyen a las cosas y a las relaciones que tienen entre sí y consigo mismos. Fundamentalmente en el neoliberalismo una de las prácticas de gobierno principales es la que uno hace de sí mismo, con ello no se desconoce que existan formas de control externas, formas de gobierno ajenas al sujeto mismo, pero es fundamental reconocer que en el neoliberalismo el control que los sujetos ejercen sobre sí mismos es la forma principal de gobierno. Sin duda, las formas de pedagogización están íntimamente relacionadas con las nociones de capital humano e incluso la llamada violencia simbólica. Pensar que la pedagogización populista-neoliberal, es producto de un plan elaborado en alguna oficina central y que como una correa de transmisión reproduce los intereses perversos de un grupo para someter a la población puede ser un ejercicio un tanto ocioso. Es verdad que hay grupos políticos, económicos y criminales que se benefician de otros, mediante la explotación y el sometimiento, pero aún estos grupos se encuentran profundamente sometidos a las lógicas del mercado.

El populismo no puede ser considerado como una práctica política con un valor propio sea negativo o positivo, es decir, no se trata de una aberración política en la historia ni un legado histórico revolucionario. O como en el caso latinoamericano, una forma de lucha alternativa de los oprimidos contra los opresores, como una práctica política de la izquierda o una ideología comprometida con los explotados. El populismo de hoy pone de manifiesto que la política no es un quehacer desprovisto de negatividad y destrucción y que ningún propósito teórico, con buenas intenciones o un proyecto filosófico liberador quedan exentos de los efectos sociales negativos. Como señala Laclau, retomando a Ranciere sobre el desencuentro entre “filosofía política y la política: la primera no es una discusión teórica sobre la segunda, sino un intento por neutralizar sus efectos sociales negativos.” (Laclau, 2005, 303)

El pueblo es una relación, es un conjunto de interacciones e intercambios, es aquello anómalo, divergente, extraño, que para bien o para mal, (recuérdese el fascismo, el totalitarismo soviético, la Revolución cultural china, el Khemer rojo de Camboya) producen prácticas políticas que violentan el statu quo del quehacer político, lo tensan a veces hasta dislocarlo o romperlo y generan formas distintas de subjetivación.

El populismo y el neoliberalismo coinciden en una lógica, en una ética y en unas prácticas de inclusión. Para la política populista como para el mercado neoliberal la principal cuestión es la inclusión del pueblo y de la población, ya sea en la lucha política o en el juego del mercado. En los asuntos políticos como demandas sociales y derechos, es por eso que la inclusión va asociada a la llamada visibilización de los conflictos sociales, asimismo, la vinculación jurídica de éstos. Quizás es en este punto donde se localiza una debilidad del populismo, puesto que ver y formalizar jurídicamente representa de muchos modos paralizar, detener el flujo de la lucha y de la participación social. Las demandas, las prácticas políticas populistas se convierten en asunto de las redes, de los medios, del periodismo y al mismo tiempo en asunto de juzgados, por así decirlo, del mercado mediático, de las redes sociales y del negocio jurídico.

La importancia actual del populismo reside en que su fortaleza proviene de la articulación de debilidades. Sin embargo, esa posibilidad de anudar y mover diferentes conflictos sociales es paradójica, por una parte, revela y moviliza las anomalías, pero por otra, todo eso tiende a osificarse a paralizarse o incluso a actuar en contra de las mismas demandas o prácticas alternativas. Hay temas o prácticas sociales absolutamente incuestionables, demandas populares o sociales que se transforman en objetos o temas intocables so pena de linchamiento, o que hacen imposible ya no digamos hablar sino pensar. El ánimo inclusivo e igualitarista del populismo, a pesar de partir de la equivalencia de diferencias, produce estilos de vida autoritarios y autocomplacientes, paradójicamente ad hoc con el mercado.

El populismo es una lógica y unas prácticas políticas que no son propiedad de nadie, de ninguna institución o sujeto, el populismo es una relación, no entre gobierno y gobernados, quizás eso servía para analizar otro tipo de sociedades, el populismo es el lugar donde confluyen una ética-biopolítica y el neoliberalismo. Dicho de otro modo, el populismo es la técnica política que moviliza la relación entre la vida y el mercado. No es la cualidad de determinado gobierno, al contrario, es un estilo de vida mediante el cual el individuo se gobierna a sí mismo. No es que la soberanía del Estado resida en el pueblo, en el neoliberalismo al quedar el Estado inmerso en el juego del mercado, no separado, en un lugar aparte, como en el liberalismo, la soberanía de esta relación entre neoliberalismo y populismo por así decirlo, reside en la vida misma, no ya en el Rey o en el pueblo, aquello que está por sobre todas las cosas es la vida, el poder de la vida y el poder sobre la vida.

Es cierto que la educación y la política son dos actividades irresolubles, es decir que no conducen a una plenitud, a un acabamiento absoluto, todo lo contrario, es una tarea de Sísifo. La imposibilidad de certeza o de éxito, de las políticas populista, su falla permanente, sean de izquierda o de derecha, pretendan lo que pretendan, no representa un defecto de esas prácticas, o, en todo caso es en sus defectos, en su ineluctabilidad donde radica su fortaleza, su dinamismo y por tanto su necesaria articulación al mercado, lo cual no es una decisión racional de los individuos sino representa la posibilidad de intercambio en lo social y, en última instancia, la garantía de la propia vida. No se trata de una necesidad natural sino de una posibilidad que produce formas distintas de subjetivación, de prácticas culturales y de pedagogización, que permiten preservar, promover, impulsar y garantizar la vida aún a pesar de la propia vida. Es aquí donde los procesos de subjetivación entre populismo y neoliberalismo pueden ser interpretados como formas particulares de pedagogización. Por ejemplo, si en algo la sociedad actual ha sido formada y subjetivada, es en el reconocimiento absoluto a la democracia, a los derechos humanos, al respecto al medio ambiente y al valor supremo que la tecnología, junto con sus dispositivos, representa para que sea posible lo social. Pensar que cualquiera de estas prácticas de pedagogización son absolutas, inamovibles, irrevocables y perniciosas que obedecen al mandato exclusivo de una clase económica, de una ideología política y que de ante mano hay que rechazarlas o combatirlas políticamente, es tanto como asumir que todas estas formas de subjetivación son relativas, modificables, revocables y benéficas, y que todo depende de una buena voluntad o de acuerdos racionales para que esto sea posible. Ambas posturas obstaculizan pensar, es decir, dirigir el pensamiento a otra cosa, en otras palabras, pensar el populismo siempre conlleva pensar otra cosa de éste, implica engendrar cosas distintas de relación política, social, económica y cultural.

Neoliberalismo y Pedagogización: competencia, política social y capital humano

Una distinción entre liberalismo y neoliberalismo es que el liberalismo, surgido en el siglo XVIII trata de una forma o arte de gobernar que parte de la fórmula laissez faire laissez pase, es un dejar hacer y dejar pasar del mercado que limita y regula las formas y los ámbitos de acción del Estado. En el liberalismo se produce y consume libertad, sobre todo libertad de intercambio, es decir de mercado. El arte de gobernar liberal dice: “voy a procurar, por todos los medios posibles, que tengas la libertad de ser libre, y para fabricar o producir esta libertad es necesario que se establezcan límites y controles, al Estado y a los intereses individuales” (Foucault, 2016: 84). Se es libre de producir y consumir libertad. En el liberalismo se trata de que el Estado no intervenga en la libertad de las acciones del mercado. En este sentido la pedagogización de la vida, como cierto tipo de saberes y poderes que regulan los procesos de subjetivación, en el liberalismo

El neoliberalismo trata de la entrada del Estado en el mercado, ya no se busca dejar hacer y dejar pasar del mercado que limita y regula las formas y los ámbitos de acción del Estado, como ocurre en el liberalismo, ahora el Estado es parte de la economía política del mercado, el Estado es un competidor del juego mercantil y en esto radica la novedad del neoliberalismo. En el neoliberalismo ya no se requiere limitar al Estado, sino que éste se integra al propio mercado, por eso una de las principales preguntas del neoliberalismo es ¿cuál es el valor de utilidad del Estado en una sociedad donde lo que regula la verdad y la vida está en el mercado? En el neoliberalismo no sólo se produce, se gestiona y se asegura la libertad para todos, ricos y pobres, empleados y desempleados, hombres y mujeres, incluso niños y ancianos, sino también la pluralidad de libertades que movilizan la competencia en el monopolio, así como la política social y el capital humano. Lo que, por cierto, en algo parece aproximar al neoliberalismo con el comunismo.

El monopolio tensa la relación entre competencia y establecimiento de precios, no sólo de cosas sino de la vida misma. Se habla del monopolio del estilo de vida que hace competir y establecer precios de lo vital. Para el neoliberalismo no es posible desarrollar la competencia sin el monopolio, gobernar bajo principios monopólicos provoca y reactiva la competencia. Paradójicamente si un monopolio quiere conservar su poder debe aplicar un precio muy cercano al precio competitivo, es decir, el monopolio actúa “como si” hubiera competencia. La competencia activa las diferencias mientras que el monopolio las inhibe, de tal manera que el monopolio, como estilo de gobierno neoliberal, hace competir no las diferencias sino las igualdades. En este sentido puede decirse que pedagogizar la vida es una manera de activar la competencia de igualdades, tanto entre los individuos como entre los colectivos, en el marco del monopolio de la propia vida. La pedagogización de la vida en el neoliberalismo se basa en mecanismos de competencia, no de intercambio, se trata de una economía de mercado empresarial, donde la competencia es un principio más disolvente que unificador porque trabaja con grupos e individuos rivales que no diferentes.

Sumado a lo anterior en el neoliberalismo hay una política social individualista que es opuesta a la política social socialista, es decir, se trata, dice Foucault, “de una individualización de la política social […] en vez de ser esa colectivización y socialización por y en la política social. No se trata, en suma, de asegurar a los individuos una cobertura social de los riesgos, sino de otorgar a cada uno una suerte de espacio económico dentro del cual pueda asumir y afrontar dichos riesgos” (Foucault, 2016, 177-178). Enfermedad, accidentes, incapacidad laboral, etcétera, son algunos de los peligros implicados en la vida neoliberal. De lo que se trata, entonces, es de que cada individuo entre y se mantenga libremente en el juego del mercado, para que pueda asumir y afrontar esos peligros propios del estilo de vida neoliberal. Por ejemplo, en el caso de México, los recursos financieros que se otorgan se dan de manera directa a los individuos que los solicitan, no como antes, a través de sindicatos, organizaciones sociales u otro tipo de corporaciones, es decir, el apoyo es directamente al individuo no a los colectivos.

Desde esta perspectiva, sin duda, si algo importa en el neoliberalismo es el impulso y conservación de la vida y de la libertad de los individuos para mantener el funcionamiento del mercado. Lo cual cobra cierta relevancia si se acepta que el mercado es algo que entraña peligro e inseguridad. Por eso uno de los propósitos fundamentales del neoliberalismo es asegurar la vida y la libertad en el mercado, y de esta manera vida y libertad se convierten en elementos de cálculo económico-mercantil. Vivir peligrosamente es una divisa neoliberal que se establece frente a la libertad y la seguridad del individuo en el mercado. Así aparece toda una educación del peligro que es medular en la pedagogización de la vida neoliberal. Ya no hay amenazas, como en la Edad Media, apocalípticas de peste, muerte o guerra, en el neoliberalismo se enfrentan peligros cotidianos que amenazan la permanencia en el mercado, por lo que hay campañas relacionadas con la enfermedad, la higiene, el ahorro, seguros de vida, seguros de gastos médicos, etcétera. Aún con una pandemia, como la del COVID 19, el neoliberalismo sostiene su objetivo de asegurar la libertad en el mercado a través de la seguridad de la vida de los individuos. Por ejemplo, la llamada economía informal en México es fundamental para la reactivación económica, desde cierta perspectiva, podría representar una contradicción con el neoliberalismo, sin embargo, esta forma de economía individual parece embonar muy bien con la lógica del mercado neoliberal. En realidad, se trata de una economía social de mercado, que busca construir una economía de mercado como proyecto social.

Una forma de hacer funcionar la economía de mercado como política social es asumir que la economía es un juego, que debe ser lo más activo posible y debe beneficiar a la mayor cantidad de gente, donde sólo hay una regla fundamental: “la imposibilidad de que uno de sus participantes pierda todo y ya no pueda, a causa de ello, seguir jugando” (Foucault, 2016: 241), es una regla de inclusión y de seguridad social, donde el individuo tiene asegurado determinado nivel de consumo, con motivaciones o frustraciones suficientes para que tenga ganas de seguir produciendo y consumiendo. Esto, por ejemplo, aplica para el gran empresario hasta el último eslabón de la economía informal. Así, no sorprende que uno de los principales motores de la política social sea la pobreza. Primero, porque la necesidad de la gente por salir del umbral de la pobreza motiva la creación de cualquier cantidad y tipo de proyectos sociales; segundo, porque se reconoce que la pobreza absoluta puede ser un indicador económico sobre el cual operan proyectos sociales y; tercero, porque se puede garantizar que esa pobreza absoluta sea una población infraliminar que funge como una reserva de mano de obra y que se puede devolver a su condición si es necesario. La pobreza es un elemento fundamental de toda política social que sirve para equilibrar y vitalizar la economía de mercado. La pobreza, como motor de toda política social, se convierte en un parámetro para la pedagogización de la vida neoliberal. Dicho de otra manera, la pedagogización de la vida está tanto en la asunción de la pobreza como en su rechazo, se sea o no pobre. Por ejemplo, no cabe duda de que muchas de las riquezas producidas en América Latina, provienen del mercado que se hace con los pobres, no sólo de su explotación, ellos son una mercancía valiosa para el flujo y permanencia del mercado.

Por otro lado, y sumado a la competencia y la política social, está el capital humano como cualidad de la vida neoliberal. Dicho de manera muy esquemática, el capital humano, reconoce al trabajo como una aptitud e idoneidad, que el sujeto tiene para poder hacer algo, ese algo que no es otra cosa que él mismo, un hacer maquinal que produce flujos de ingreso que mantienen activo el sistema económico. Aquí la pedagogización de la vida es convertir al individuo en un trabajador neoliberal o sujeto-máquina, en tanto es capaz de autoexplotarse y autoproducirse, es un sujeto empresario de sí mismo, de consumo y producción. Ser empresario de sí, implica la acción que entraña un esfuerzo para la producción, distribución y consumo de sí mismo. El capital humano, como pedagogización de la vida, potencia la aptitud del individuo para hacerse a sí mismo. La teoría del capital humano busca formar una especie de idoneidad-máquina que va a producir ingresos que implican inversiones educativas, en tanto pedagogiza la forma de vida del homo œconomicus empresario de sí, esto no sólo contempla cuestiones de aprendizaje y enseñanza escolar, también considera capacitación para el trabajo, movilidad laboral, salud, desarrollo de capacidades financieras, etcétera.

El capital humano está compuesto, siguiendo a Foucault (2016), de elementos adquiridos e innatos. Los elementos adquiridos son todas aquellas habilidades, destrezas, conocimientos, formas de actuar y pensar que hacen conseguir y mantener un empleo, el cual permite a los individuos producir y consumir y, al mismo tiempo, les procura movilidad social. Esto aplica tanto para la economía formal e informal. La competencia, como apuesta por la diferencia en términos de producción, distribución y consumo, se aplica a la formación de capital humano a través de capacitación, de desarrollo de habilidades para el empleo, emprendimiento, etcétera. Todos los elementos que se adquieren para conformar el capital humano del individuo son procesos de pedagogización de la vida, son procesos de subjetivación de la vida neoliberal. Por su parte, los componentes innatos del capital humano son congénitos, hereditarios, refieren a la constitución genética. Estos elementos innatos han cobrado interés, sobre todo a partir de los avances en investigaciones sobre genética, dado que pueden reconocer a los individuos en riesgo, el tipo de peligro congénito que pueden correr a lo largo de su vida y las probabilidades de que la unión de individuos en riesgo produzca personas portadoras de peligros genéticos. Así el mecanismo de producción del homo œconomicus neoliberal ha de considerar las buenas constituciones genéticas, es decir, busca producir individuos de bajo riesgo o cuya tasa de peligro no les perjudique tanto ni a ellos mismos ni a los de su entorno, lo cual se va a convertir en una medida de cálculo económico del mercado. Esto es un saber sustantivo de las compañías aseguradoras y de los empleadores.

Neoliberalismo y Populismo: población y sociedad civil

Cuando se habla de población, desde Foucault, se pueden identificar dos cualidades: 1) la acumulación de individuos o expansión demográfica en un territorio, característico del nacimiento de la modernidad y, como consecuencia de esto, 2) la población como un problema del gobierno, porque pone en juego la seguridad del territorio y de sus habitantes, que son la propia población. El vínculo entre número de habitantes con el territorio que habitan acciona tanto las relaciones de coexistencia que se establecen entre los individuos que viven en un mismo territorio, como sus condiciones de vida. El crecimiento exponencial de habitantes en un territorio cambia radicalmente la vida, incluso puede decirse que la competencia, la pobreza que impulsa proyectos sociales y el desarrollo de capital humano, son producto del enorme aumento de individuos en el territorio. La vida se transforma radicalmente al pasar del campo a las urbes, del trabajo de la tierra al trabajo de oficina, del alimento producto del cultivo local al alimento industrial producido a gran escala, del espacio del curandero al hospital de los médicos, de las pequeñas ciudades a las grandes urbes, del pueblo a la población, del pueblo a la sociedad civil. Las prácticas urbanas, de oficina, del consumo de alimento industrial y del médico buscan a toda costa mantener la vida, potencian el poder de la vida y aumentan el poder sobre la vida, es decir, la población neoliberal es el elemento del estilo de vida propio de la ética-biopolítica.

Un aspecto importante del puente entre pueblo y población es la medición estadística que permite establecer parámetros, indicadores o coordenadas para gobernar a los individuos que habitan un territorio. Con la estadística cada individuo que conforma la población, cuenta y hace contabilidad, cada persona cuenta con diversos números que lo hacen contar como miembro de una población, números de seguridad social, de escolaridad, de trabajador, de identificación ciudadana, de cuenta bancaria, de acta de nacimiento, de acta de defunción, etcétera. De esta manera con el surgimiento de la población la muerte se transforma en mortandad, la enfermedad en morbilidad, el nacimiento en natalidad. La estadística es un saber técnico que ayuda a establecer criterios de seguridad de la población y del territorio. La estadística es una técnica al servicio de una ética-biopolítica. Vivir estadísticamente es una forma de subjetivación, es decir, un mecanismo de pedagogización: somos un número de cuenta y en la cuenta estadística.

La relación que se establece entre seguridad-territorio-población, en la modernidad iniciada en el siglo XVIII, es algo que Foucault llama gubernamentalidad, que no es otra cosa que “el conjunto constituido por las instituciones, los procedimientos, análisis y reflexiones, los cálculos y las tácticas que permiten ejercer esa forma bien específica, aunque muy compleja, de poder que tiene por blanco principal la población, por forma mayor de saber la economía política y por instrumento técnico esencial los dispositivos de seguridad” (Foucault, 2014, 136). La gubernamentalidad [1] es un ejercicio de poder biopolítico que tiene un objetivo (la población), una forma (economía política) y un instrumento (dispositivos de seguridad) para gobernar, para conservar la vida. ¿Para qué gobernar? para controlar a la población. ¿De qué manera gobernar? a través del saber propio de la economía política. ¿Con qué gobernar? con los dispositivos de seguridad. De manera muy general se puede decir que los ejercicios de poder son matrices normativas de comportamiento que regulan la conducta de los individuos, la economía es un modo de saber o reglas de veridicción relativas a los procesos de intercambio mercantiles, trata de la producción de verdad en el mercado, y, los dispositivos de seguridad son los cálculos de prohibición y tolerancia de conductas desde los cuales se establecen medidas consideradas óptimas para mantener y gobernar a la población que habita un determinado territorio. De la intersección entre ejercicios de poder, saber económico y dispositivos de seguridad surge una gran potencia vital que permite la ética-biopolítica. No sobra decir que la pedagogización de la vida es la materia de la cual está hecha cada una de las intersecciones que posibilitan la gubernamentalidad. Por ejemplo, los dispositivos tecnológicos, el control panóptico de la seguridad, las políticas de higiene y salud, son mecanismos que mortifican la vida, pero cuyo propósito fundamental es el sostenimiento de la vida misma.

Con lo anterior se puede ver que el populismo de nuestra época (quizás desde mediados del siglo XX) no escapa a la gubernamentalidad, antes bien evidencia la relación entre población-territorio-seguridad. De una manera esquemática, que no mecánica, siguiendo la triada población-territorio-seguridad y la triada objetivo-forma-instrumento, se puede ver que la población es el objetivo, los dispositivos de seguridad son el instrumento y el territorio es la forma. Y aquí hay algo interesante en tanto que el territorio no sólo refiere a lo geopolítico, sino también, y, sobre todo, trata de lo económico. El territorio que habita una población y que hay que asegurar es el de la economía política del mercado. En este sentido, el territorio y la forma de los proyectos populista es la producción de verdad en el mercado. En otras palabras, la gubernamentalidad es ética-biopolítica en tanto busca la regulación de la conducta de los individuos aplicando reglas de veridicción, producidas en el mercado, y cálculos de prohibición y tolerancia de comportamiento, lo cual asegura la vida a toda costa.

Por otro lado, la sociedad civil “es un concepto de tecnología gubernamental, o mejor, el correlato de una tecnología de gobierno cuya medida racional debe ajustarse jurídicamente a una economía entendida como proceso de producción e intercambio” (Foucault, 2016: 336). La sociedad civil es una respuesta a la pregunta ¿cómo gobernar con reglas de derecho un espacio que está poblado por sujetos económicos? La sociedad civil sirve para que todo sujeto económico, sujeto inmerso en la economía política del mercado, sea un sujeto de derecho. La sociedad civil permite que las reglas jurídicas se apliquen en el juego del mercado. En el neoliberalismo el gobierno que administra la sociedad civil, administra la nación, administra lo social, gestiona la vida jurídica del sujeto económico. Por ejemplo, en términos de pedagogización, el derecho a la vida, el derecho a la salud, el derecho al aire, se ha convertido en una forma de subjetivarnos. Quién se hubiera pregunta hace 50 años si tenía derecho al agua o al aire, más allá de los conflictos de los territorios locales. Es decir, la aplicación del derecho en términos universales hasta en la vida íntima.

¿De qué manera gobernar con reglas y leyes de derecho un espacio que está poblado por sujetos económicos? No es una pregunta sólo de orden administrativo, antes bien, es una interrogante de carácter ético-biopolítico, porque pregunta por el gobierno de la vida y sobre la vida. La sociedad civil es una noción que jurídicamente sirve para gobernar el territorio de la economía de mercado. En la sociedad neoliberal no sólo se trata de la nación ni de la población sino de la gestión de la sociedad civil.

El homo œconomicus es, si se quiere, el punto abstracto, ideal y puramente económico que puebla la realidad densa, plena y compleja de la sociedad civil. O bien: la sociedad civil es el conjunto concreto dentro del cual es preciso resituar esos puntos ideales que constituyen los hombres económicos, para poder administrarlos de manera conveniente (Foucault, 2016: 336)

La sociedad civil está hecha del ideal que es el homo œconomicus. Y el territorio real del homo œconomicus es la sociedad civil. Esta unión es la materia con la que se hace la ética-biopolítica neoliberal.

Lo que une a los sujetos en la sociedad civil, son los intereses económicos, mejor dicho, lo que liga a los sujetos económicos como sociedad civil son los “intereses desinteresados”, son intereses egoístas en el desinterés por y del colectivo. Por eso una de las características de la sociedad civil es su principio comunitario. El egoísmo competente, característica del empresario de sí, establece el lazo económico, es decir, el individualista aislado paradójicamente existe por el lazo económico que tiene con otros. La sociedad civil es un egoísmo comunitario que se vale de la pedagogización de la vida, en forma de competencia, proyectos sociales y capital humano.

Reflexiones finales

En resumen, el populismo articula una serie de principios ético-biopolíticos y mercantiles, por eso el narcotráfico, el crimen o la corrupción pueden perfectamente funcionar bajo la lógica y prácticas populistas neoliberales, así como proyectos sociales que pretenden favorecer a los pobres o a los más desfavorecidos, también son políticas del populismo neoliberal que permiten vincular diferentes propósitos. Por ejemplo, construir un muro en la frontera entre un país y otro, no necesariamente es en sí misma una acción política populista, lo que la hace populista es su capacidad de articulación con otras demandas y prácticas económicas y sociales, tales como el racismo, el desempleo, la inseguridad, las drogas, etcétera, y todo esto se conecta de manera directa con el mercado. Un ejemplo más podría ser el del clientelismo político, el cual no necesariamente es populista en sí mismo, comprar votos, corromper empresarios, manipular campesinos o dar privilegios a la clase media, es populismo sólo cuando se asocia a luchas contra la corrupción, a demandas de seguridad, a solicitudes de mayor empleo, a atención de la salud, a favor de una educación inclusiva, etcétera. Pero incluso el populismo puede producir imágenes, conceptos y significados, frente a procesos sociales políticos y económicos y plantearlos como contrarios y antagónicos. El populismo puede hablar en contra del neoliberalismo y ser perfectamente neoliberal.

Por otro lado, la pedagogización de la vida neoliberal se puede entender como procesos de subjetivación, éstos pueden presentarse en forma de competencia económica, como política social o como capital humano. Y todo esto sólo es posible en la vida, individual y colectiva, de los sujetos. En este sentido, si se acepta que el populismo es una técnica de gobierno que permite al neoliberalismo regular las relaciones entre individuo y sociedad, la pregunta que surge es ¿cómo se presenta ese conjunto de individuos, en tanto pueblo, en el neoliberalismo? De manera más específica ¿cómo es ese pueblo neoliberal que aparece en forma de población y sociedad civil? La competencia que activa el monopolio, los proyectos de política social y la teoría del capital humano son populistas si se acepta que el pueblo es población y sociedad civil.

Una diferencia entre población y sociedad civil es que la población es el objetivo o blanco del ejercicio de poder que aplica el saber de la economía política e instrumenta dispositivos de seguridad, mientras que la sociedad civil es un campo de referencia de la gubernamentalidad que incluye las reglas jurídicas en las prácticas económicas. En otras palabras, la gubernamentalidad está hecha de tres elementos que son seguridad-territorio-población y la sociedad civil problematiza la relación entre reglas jurídicas y prácticas económicas, puede decirse que la sociedad civil aparece como un problema de la relación entre seguridad, territorio y población. Por ejemplo, en una manifestación donde los individuos de una nación toman la plaza pública, el conjunto de individuos son población en tanto habitan y coexisten en un territorio, ambos la población y el territorio, están protegidos por el gobierno a través de dispositivos de seguridad; y ese mismo conjunto de individuos es sociedad civil en tanto son sujetos económicos vinculados a reglas jurídicas. Así se tiene que la población es un componente constitutivo de la gubernamentalidad y la sociedad civil es una referencia de ésta. En otras palabras, el mantenimiento de los derechos humanos parece ser una garantía de la sociedad civil tanto como la obligación de vacunarse de la población. La vacuna asegura la salud de la población en un territorio. Y los derechos humanos ponen en juego las relaciones jurídicas de los individuos como sociedad civil. Se ha llegado al extremo donde un niño puede demandar, como parte de la sociedad civil, a sus padres por haber nacido en contra de su voluntad. Puede convertirse en una demanda jurídica el derecho a un orgasmo pleno. Todo esto pertenece a la sociedad civil. Mientras que, como población, los mismos demandantes para demandar, deben contar con un registro de población, de seguridad social, número bancario, etcétera. Y todo esto, prácticas de la sociedad civil o de la población, son prácticas de pedagogización, son procesos de subjetivación.

Desde el siglo XIX hay quienes insisten que lo económico determina los procesos sociales, políticos, culturales y jurídicos de cualquier sociedad, sin duda ésta ha sido una forma de pedagogización. Lo que la historia muestra es que esto no es así. Es verdad que hay una relación íntima entre las prácticas económicas y las prácticas políticas. Hoy las formas de organización del mercado se entrelazan de manera muy estrecha con el quehacer político, lo cual engendra formas de subjetivación, es decir de pedagogización, que, asociadas a una libertad económica con todas sus contradicciones, promueven formas de libertad individual, mismas que pueden ir desde el autismo alienante hasta modos de lucha libertarios. No se deja de reconocer que el mercado capitalista ha sido históricamente asociado a formas de explotación, corrupción, crímenes de toda índole y miseria, pero también se asume que el mercado y el consumo son condiciones inherentes a la vida misma, y que la experiencia de formas históricas diferentes de mercado (socialistas, colectivistas o cooperativistas) no ha eliminado todos los males antes descritos.

Sin duda, hablar de las cosas como debieran ser, pensarlas como nos gustaría que fueran, conduce a considerar el mundo desde un principio ético y político al que no puede renunciarse, sin embargo, cuando lo deseable se impone arbitrariamente sobre los argumentos, la crítica y el deseo son cancelados.


Referencias bibliográficas

Foucault, M, (2012) Historia de la sexualidad 1. La voluntad de saber, Madrid: Biblioteca nueva, Siglo XXI.

_____ (2011) La verdad y las formas ajurídicas, Barcelona, Gedisa.

_____ (2014) Seguridad, territorio y población, México, FCE.

_____ (2016) Nacimiento de la biopolítica, Buenos Aires, FCE.

Jiménez, M. (2019) “Violencia y Biopolítica. Una lectura del informe mundial sobre violencia y salud” en Jiménez M. y Valle A. (editores) (2019) Sociología y Biopolítica, México, UNAM-Juan Pablos.

Laclau, E. (2005) La razón populista, Buenos Aires, FCE.


[1] Es importante decir que tanto la gubernamentalidad como el neoliberalismo son formas de biopolítica, son maneras de controlar la vida biológica de las poblaciones, también puede decirse que todo neoliberalismo es una forma de gubernamentalidad pero no toda gubernamentalidad es neoliberal. Cuando se habla de populismo neoliberal se refiere tanto a su carácter biopolítico como de gubernamentalidad.


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N. 30 • 2021

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